«Solíamos pensar que las revoluciones eran la musa del cambio, en realidad es al revés: el cambio prepara el camino para la revolución» — ERIC HOFFER

La española había desaparecido y el personaje del peregrino reconoce que fue solo eso lo que evitó que volviera a insistir en que los acompañara, porque no podía creer que a ella, verdaderamente, le disgustara la idea de encontrarse entre la gente. Viotte tampoco estaba pero en su lugar estaba un hospitalero, un belga. Y a la mesa se sentaron los frailes de habito negro, que andaban recuperándose de las misiones, tres monjas budistas de la comuna de Plum Village, un centro Zen especializado en mindfulness, que tiene a Thích Nhất Hạnh por líder espiritual, dos que eran vietnamitas y no decían ni una sola palabra y la francesa… También una policía montada del Canadá y, después, Fu y Sin Wai y Hing Chung y Xin y Dong y Leung y Chan y Wang y Liu y Xu, que chapurreaba algo de inglés, todos miembros de un BTT de no recuerdo qué provincia del gigante asiático pero que vestían un maillot rojo con las mismas estrellas de la bandera de la República Popular China. Sin olvidarnos de Pepa, de Huesca, y de Luis, un vasco de Bilbao, que confesaba haber empezado a tomar vinos allá por el mediodía, después de que el tren los había desalojado a todos en el andén, y como un escuadrón de mitos comunes, esas avecillas paseriformes de cola larga, se habían puesto en marcha, en busca de una cama.

A la mesa se sentaron todos como buenamente pudieron. Pero a la sopa de los frailes tanto Luis como los ciclistas, a excepción de Fu y Sin, empezaron por hacerle ascos. Pepa, muy resuelta, dice que eso lo soluciona ella en un plis con unos Sopinstant, de los que Luis se ha embuchado él solo, como poco, cuatro; y porque asegura que a él los »champis», y más si son con un poco de tintorro, »le ponen la hostia!!!», y dicho con ese mismo énfasis. Pero ya lo que nadie se esperaba es que la policía montada del Canadá fuera activista de ACF, una organización internacional que lucha contra el hambre, y les ha obligado a la monja francesa y al personaje del peregrino a hacerle de traductores, porque Pepa se ha inspirado, y reconoce que ella al Camino ha venido a eso, a abrazar el mundo espiritual y a encontrar una causa justa a la que entregarse y por la que luchar. Luis, ahí, le ha pegado al personaje del peregrino un codazo. Pero un codazo que es que el personaje del peregrino hasta ha visto las estrellas. Y al segundo se le arrima y le dice que la causa más justa en la que podría Pepa invertir sus fuerzas es en chupársela a él, que reconoce que ya hace una década que no se le empina. Así de soez y sin cortarse, que el personaje del peregrino se teme que hasta se ha sonrojado. Y, entonces, se ha acordado de la española, y sabe que fue ahí cuando comenzó a pensar: »a esa mujer lo que le sucede es que es vidente, y esto ella lo sabía.»

Mil millones en el mundo que sufren desnutrición y hambre crónica, cuando el planeta cuenta con recursos de sobra para alimentarnos a todos. ¿Mecanismos de beneficencia? ¿Hambre oculta? La realidad es que solo las hambrunas llegan hasta nosotros pero las hambrunas son un episodio muy concreto y muchos, muchos los millones de personas en el mundo, que sufren el hambre oculta. Y los ciclistas, a falta de cuchara que llevarse a la boca, han empezado a seguirle el ritmo al de Bilbao a la hora de llevarse el vaso a los labios, que eso, el personaje del peregrino, antes, no lo había visto, beber vino como si fueran litros de agua, que es casi todo lo que hace el belga, no dejar de acarrear jarras. Y para cuando llegan los años 2010/11, que es cuando el precio del cereal se dispara – y a pesar de las medidas tomadas por la FAO- todos han acabado con la sopa, que al personaje del peregrino le pareció que estaba buenísima, y ahí mismo se va a poner a apuntar la receta, antes de pasar a servir el segundo plato, y eso le pareciera a la montada como le pareciera, que una sopa tan rica como esa no tiene desperdicio, y eso aunque a los frailes se les ocurriera ponerle merdeux de vache –pensó. Y de segundo huevos rotos con patatas y jamón en aceite de oliva de la marca El Crucifijo, que nadie puede imaginarse lo que es un equipo de ciclistas famélicos, con poco más que pan que llevarse a la boca, y a falta del arroz de costumbre. «Porque no habrá un chino -dice Luis- que no eche a faltar eso.» Él, que le escupe al personaje del peregrino, que ha caminado todos los caminos del mundo y que nunca ha visto un »jodido amarillo» no prepararse esa porquería de arroz blanco hasta para el desayuno, que si fuera con calamares en su tinta -reconoce que lo entendería. Pero así, a veces ni con sal… pues no.

La subida del precio del pan, la tragedia, la preocupación de la Comunidad Europea, ¿la amenaza yihadista? El impacto fortísimo del hambre en todo el mundo, la dependencia energética de la agricultura, el precio del petróleo, como en los años 70, cuando Tricky Dick tomó por todos la decisión más nefasta de nuestras vidas… los pesticidas y los fertilizantes, Monsanto. La comida que viaja como nunca imaginamos. Un producto lácteo que se ha creado en Alemania puede llegar a viajar hasta miles de kilómetros, y cuando tú vives a menos de diez de un producto que no es una sino hasta diez veces mejor. Con vacas que respiran lo mismo que tú y un sistema inmune que lucha contra todo lo que también luchas tú, y desde las economías más sostenibles, sin la sonrisa depredadora del… «¡Ah no! Comunismo no. Yo eso me niego a decirlo, señora montada.» Los frailes los miran a todos un poco… ¿tal vez extáticos? Mientras los ciclistas, OICHIHUANGO esto y venga OICHIHUANGO lo otro, y todo es OICHIHUANGO y OCHIFUUCHACHAFU. No, los frailes los miran a todos con eso que debe ser la beatitud pero no les hablan, ahora, de los kilómetros que llega a recorrer una mujer en África, y de las horas que pasa al día andando, para transportar los necesarios litros de agua sobre su cabeza. Y lo que el personaje del peregrino ha de reconocer es que, cuando les escuchaba en la cocina, estaba empezando a entrever la tragedia. Porque con ellos era distinto, eran seres humanos que transmitían una profunda experiencia religiosa. Y cuando la señora montada no, porque la señora montada el personaje del peregrino piensa que lo que busca es un protagonismo heroico que en su vida real no tiene.

Algún ciclista tampoco ha probado lo que tiene delante del plato pero ya algún compañero que le hace menos ascos al mundo se aventura a preguntarle si esa comida es que no tiene dueño… El otro sigue bebiendo y sonriendo como beben y sonríen los poetas chinos que aman la sombra, la luna y el vino, con una de esas sonrisas que prometen ser indelebles. Porque al final, ¿qué es lo que nos interesa en la sociedad occidental? ¿no ir a morirnos de cáncer, ni a los 70, ni a los 80, ni a los 150? Pepa y la señora montada le han pedido al personaje del peregrino que las ayude a intercambiarse sus direcciones email. Luis, ahí, ha tratado de darle otro codazo pero a ese el personaje del peregrino ha podido adelantarse y el de Bilbao se ha ido al suelo. A Wang le ha dado por reírse a carcajadas y ha terminado por vomitar todo el vino que había bebido sobre la mesa, que menos mal que había sido de los que no había probado bocado, y que estaba en el otro extremo. El codo es cierto que a Luis un poco le sangra pero en lo que ha resultado peor parado ha sido con lo de sus gafas, que se le han roto. Luego Xu, que también chapurreaba algo de español, y porque se reconoce gran admirador de Bertín Osborne, cuando todo esto del hambre terminaba de traducírselo a su equipo, también ha comenzado a troncharse de Luis y, entre carcajada que va y carcajada que viene, ha señalado a Luis con el dedo y ha dicho en un perfecto francés: «Il est dans le choux.» Que, entonces, lo que Luis le contesta es: «A ver, payaso de los cojones, ¿pudiendo darnos de hostias para qué vamos a discutir?» Que eso jamás lo habría sospechado de sí el personaje del peregrino pero, ahí, ha agarrado a Luis del hombro, como si él también fuera vasco, y le ha dicho al oído: «Estoy seguro de que si no le pegas hoy Pepa te la va a mamar.» Y el postre de chocolate, cardamomo e higos, nadie se imagina -en palabras de Luis- lo cojonudo que estaba. Pero no por ello la canadiense iba a detenerse y será, entonces, cuando se ensañe con los especuladores, que según ella son los que no producen nada, los que sólo buscan el beneficio y promueven la volatilidad de los precios. Y al final, por la epifanía que se operó en Pepa, lo que a nadie debería extrañarle es que el maltrato sea lo que es, que te empeñes en tener todos los boletos de lo que se rifa. Porque ya antes de irse a la cama, Pepa y ese salvaje del vasco como si fueran pareja de hecho; mientras el belga y el personaje del peregrino lo recogen todo. Pero, ¿y Carmen? Sube arriba y lo comprueba. Los hermanos duermen y ella, como olvidada de todo, lo hace sobre uno de ellos.

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